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Te desafío a prosperar

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LTDAP
Déjame hablarte de “tú”

Apelo a la familiaridad porque sé que en algunos aspectos nos parecemos. Tenemos inquietudes e ideas similares. Por eso coincidimos en este libro. Usa tu imaginación y acércate un instante. La estancia en que me encuentro es silenciosa.

Sólo el piso de madera y las paredes cubiertas de libreros emiten un leve rechinido de vez en cuando. Sobre mi cabeza cuelga un avioncito de control remoto que sólo usé una vez. Hay papeles y textos por doquier. Mi esposa dice que este sitio es un desastre y que no volverá a arreglarlo. He celebrado su decisión, porque cuando ella pone todo en su lugar yo pierdo todo. En el caos que me rodea existe orden, aunque ella no lo crea. Sobre la mesa, junto al teclado de la computadora, mi taza de café se ha enfriado. Estoy sentado en un sillón verde, y a mi lado hay otro, idéntico, vacío. Es para ti. Te invito a sentarte. Tal vez deberías traer un suéter. La ventana está abierta y hace frío. Afuera llueve. Transpórtate hasta aquí.
Los libros realizan el prodigio de atravesar barreras de tiempo y espacio para enlazar las mentes de dos personas: un ser humano, a solas, escribe lo que piensa, mientras otro, también a solas, se concentra en las mismas ideas al leer. Eso hacemos tú y yo ahora. Estamos juntos. En el mismo instante y lugar. Has echado un vistazo a mi entorno y yo, sin que te dieras cuenta, he llegado hasta el tuyo.

Te propongo que nos mantengamos cerca.

Al escribir, como al hablar, un disertador suele alzar la voz dirigiéndose a “nadie”, mientras mira al horizonte, movido sólo por el placer de desahogarse. Pero también podría hacer contacto verdadero con una persona, bajar de la plataforma, tomar asiento frente a ella, mirarla a los ojos y charlar de frente. La primera alternativa es la usual. Yo la he practicado. Aunque en muchas ocasiones he expuesto mis ideas a través de personajes imaginarios, hoy he decidido practicar la segunda: cerrar la cortina del teatro e invitarte a tomar un café a solas. ¿O prefieres un té?
Si me lo permites, voy a levantarme a cerrar la ventana. Aunque el aire de la noche es saludable, conviene que entibiemos el ambiente.
Al adquirir un libro llamado Te desafío a prosperar, sabías a qué atenerte.
Te confrontaré como un amigo, de esos que te dicen lo que no quieres oír. Reflexionaremos juntos ideas concretas para lograr mayor prosperidad. Ésa es la meta.

EMPECEMOS POR LA definición.

PROSPERIDAD es el bienestar material y emocional producido por la consecución de proyectos nobles. Así que en cada tema hablaremos sobre las diferentes formas para conseguir:

  1. Bienestar material
  2. Bienestar emocional
  3. Realización de proyectos nobles.

(Noble es lo honroso, estimable; contrapuesto a deshonrado y vil ).1

Estoy dispuesto a encarar la meta y cumplirla mediante argumentos serios, sin técnicas motivacionales. No soy un motivador. Incluso me molesta cuando alguien me llama así. En el mundo abundan ahora “payasos tristes”, que levantan el ánimo de otros cuando el de ellos está por los suelos. Desapruebo ese ejercicio. Es un circo. Si me siento deprimido, te lo diré. También te hablaré de mis errores. He cometido muchos.Tiempo atrás, ante una desgracia, prometí que jamás escribiría una sola palabra que no se demostrara con mi estilo de vida. Así que todo cuanto leerás aquí son conceptos probados, ideas que he visto funcionar, principios alrededor de los cuales gira mi existencia.Aunque los conceptos de este libro son propios —cuando están inspirados en otro autor, le doy el crédito—, no te sugeriré fórmulas infalibles ni trataré de imponerte mis pensamientos. Respeto tu individualidad y adivino que tienes una filosofía personal, pero te compartiré la mía. Quizá hallemos puntos de afinidad. Si alguna idea te parece aplicable, hílala al contexto especial de tu vida, aprópiatela, ponle tu sello distintivo y comprométete con ella.

Ya cerré la ventana. Si me permites, voy por dos tazas de agua caliente y varios sobrecitos para que te prepares lo que apetezcas. Mientras tanto puedes poner algo de música. En el recuadro izquierdo de la pantalla está el ícono de música. Elige la que te guste.
Ahora vuelvo.

primer desafío

Recuerda quién eres

Hace unos años pasé por una terrible crisis.

Económica y profesional.
Era de noche cuando regresé a las oficinas. Mi esposa estaba cerrando con ayuda de nuestra asistente.
—¿Dónde andabas? —me dijo al verme llegar—. Hubo mucho trabajo esta tarde.
Noté su inflexión malhumorada.
—Perdóname, amor. Necesitaba salir a respirar. A veces siento que me ahogo.
—¡Pues por aquí también hay algunos a los que nos falta el aire!
La secretaria se sintió como intrusa en nuestra discusión.
—¿Puedo retirarme?
—Sí —contesté tomando el mando—, sólo revise que no haya nadie más dentro de la escuela.
—Claro. Hasta mañana.
Casi todos los alumnos se habían retirado ya. Mi esposa y yo nos quedamos solos. Hicimos en silencio la rutina de barrer cada salón y acomodar los pupitres. Las clases empezarían muy temprano al día siguiente y debíamos dejar todo preparado, como cada noche.
—¿Dónde anduviste? —me preguntó después en tono conciliador.
—Fui a la biblioteca. A leer sobre el tema de la crisis. A analizar la mía. Necesitaba poner en orden las ideas.
—¿Y lo lograste?
—Más o menos. Estoy cansado de la inestabilidad económica. Hay gente abusiva por todos lados. Delincuentes y funcionarios corruptos. Las presiones me agobian. Por si fuera poco, yo mismo he cometido muchos errores aquí. ¡Mi trabajo es desastroso! Hace doce meses emprendimos esta pequeña escuela e innovamos tres carreras técnicas. ¡Resultaron un fracaso! Tú lo sabes mejor que nadie. Después de hacer los programas de estudio, aprobar todos los requisitos de Educación, publicitar los planes e inscribir alumnos ¡resulta que nuestras nuevas carreras no tienen demanda ni futuro! ¡Todo lo hice mal!
Ella me miró con el ceño fruncido.
—Lo que tú necesitas es descansar. Deja de hacer tantas introspecciones e invítame a cenar.
—Claro, pero eso no me ayudará a salir del agujero en que me encuentro.
—¡Pues busca una escalera!
—Eso haré. Voy a encerrarme a pensar toda la noche.
Movió la cabeza y siguió acomodando los pupitres. Luego echó un vistazo alrededor, y una chispa de inteligencia se encendió en su mirada.
—Te daré el primer peldaño.
—Adelante.
—Esta pequeña casa antes fue un taller mecánico. Se hallaba en ruinas. ¿Recuerdas?
—Sí.
—La instalación eléctrica no funcionaba. Había un animal muerto en algún lugar debajo de tanta basura. Olía mal. El patio estaba lleno de aceite automotriz. Éramos novios cuando me invitaste a conocer el lugar donde pretendías poner una escuela de carreras técnicas; yo creí que habías enloquecido. Desde mi punto de vista este sitio era inservible. Pero, ante mi asombro, tu padre y tú lo recorrían entusiasmados, diciendo dónde levantarían un muro y tirarían otro; describían los salones, las oficinas, la recepción, la biblioteca y hablaban incluso de acabados interiores.
—Mi papá me enseñó a visualizar.
—Sí. Claro. Tu padre es un genio, y aprendiste de él. Después me enseñaste. Compraste el inmueble, nos casamos, y juntos, trabajamos hasta la fatiga. Durante meses hemos ido haciendo realidad aquella visión. Voltea. Mucha gente nos critica, pero el sitio es hermoso ahora.
—¿Qué quieres decirme?
—¡Recuerda quién eres, amor! Has construido donde todos decían que era imposible. Fundaste una empresa sobre ruinas. Creaste nuevas carreras técnicas y libros enteros con programas de estudio.
—Que no sirven para nada…
—¡Pero los hiciste! Son creación tuya. Aunque no funcionen como querías. Fuiste capaz de materializarlos. Dijiste que te encuentras inmerso en una crisis. Pues comienza entendiendo que tú no perteneces a ella.
Le di las gracias. Esa noche la llevé a cenar y dejé descansar mi mente. En efecto, fue como subir un primer peldaño.

Súbelo tú, ahora.

¡Recuerda quién eres!

¿Por qué has aceptado bajar la guardia cuando en el pasado luchaste tanto?
¿Dónde está el carácter que has demostrado otras veces?
¿Por qué te encuentras en una rutina destructiva?
Recuerda tu sangre, tu apellido, tu nacionalidad, tu historia, tus dones, tus destrezas, tu nacimiento espiritual…
Si alguien te ha hecho creer que vales poco, rechaza esa idea. Es una mentira.
Eres capaz de crear. Lo has hecho antes. Tienes ideas originales. Vuelve a generarlas. Recuerda tus capacidades únicas. No permitas que el fantasma de la culpa te haga dudar.
Esto es sólo un primer peldaño.
Yo lo entendí así.
Era cierto. Había logrado construir sobre ruinas y podía volver a hacerlo, pero seguía sin saber cómo.
“Recuerda quién eres”.
Escuchaba el eco de aquella frase en mi mente.
¿Podría empezar desde cero otra vez?, ¿erigir algo grande en el mismo lugar? Claro. Sólo tenía que generar otra oportunidad.
Lo mismo te digo a ti.
¿Los errores que cometiste en el pasado te han traído problemas en el presente? ¿Eres tan culpable de haber fallado, como lo soy yo?
Entonces comienza de nuevo.
Aunque no lo creas, es más fácil perdonar a quien te hizo daño que perdonarte a ti, cuando te sabes responsable de algún error.
Es cierto, te equivocaste. No agaches la cara ni pongas gesto compungido. ¡Todos nos equivocamos alguna vez!
Hay jugadores de futbol que fallan un penalti en pleno campeonato mundial y hacen que su equipo pierda la copa. ¿Los has visto? Algunos no se recuperan. El rechazo, las burlas y los ataques de todos sus compatriotas los aplastan. Jamás se perdonan.
Que no te suceda eso.
¿Has fallado un penalti importante? ¿Y?
¡Todos hemos “fallado penaltis”! Pero el mundo sigue su curso con dignidad. Tú también. ¡Recupera tu autoestima! Es una decisión voluntaria. Pronto meterás tantos goles que eclipsarás esa falla. Créeme.

A cierto empresario exitoso le pidieron que dijera, en una sola palabra, el secreto de su triunfo. Él contestó:
—Aciertos.
—¿Y cómo se logran los aciertos?
—Experiencia…
—¿Y cómo se logra la experiencia?
—Errores.

¿De qué manera crecerás a niveles altos si nunca te equivocas, o si al caer te culpas tanto que no puedes levantarte?
El problema de las carreras técnicas que inventé era complejo de resolver; debía cancelarlas. Reconocer públicamente su falta de demanda y aplicación. Hacer cursos extraordinarios para cerrar los ciclos. Dar diplomas e indemnizar a quienes protestaran. Corregir mi error afectaba a maestros y alumnos. Además mermaba el prestigio de una escuela naciente y podía costarme mucho dinero (que no tenía). Cuando estaba a punto de dar el paso correcto, la mano me tembló. Dudé y me detuve. Tenía miedo. Entonces mi esposa me dijo:
¡Actúa rápido!
Hice el anuncio casi con los ojos cerrados, y como ocurre casi siempre que anticipamos consecuencias nefastas, una vez iniciada la enmienda, todo resulta más fácil de lo que creíamos. Preparamos una graduación parcial y emprendimos las carreras comerciales clásicas. A los pocos meses estábamos a reventar de nuevos alumnos inscritos.

Hay que moverse con sentido de urgencia.

Si también titubeas ante la posibilidad de corregir el rumbo, ¡actúa rápido! El momento es decisivo y las consecuencias, importantes. No te frenes por temor. El miedo te ha hecho bajar las expectativas, y has aceptado cierto grado de medianía.
¡Reacciona!

Para salir del hoyo debes moverte cuanto antes.

¿Necesitas presentar un proyecto?, ¿dirigir gente?, ¿aprender habilidades?, ¿conocer el tratamiento de una nueva enfermedad?

¡Deja de preocuparte! Da un salto y comienza a actuar.

Cuanto más te tardes, más se agravará tu temor.

Si te quedas inmóvil, te acobardarás. La acción quita el miedo.

Decide luchar de forma incansable, otra vez.

ENFRENTA EL DESAFÍO…
Recuerda que eres capaz de romper rutinas deprimentes.
Vuelve a construir.
Identifica las grandes ideas de tu subconsciente y los nobles anhelos de tu corazón.
Revierte la tendencia negativa. (Lo has hecho antes, ¡vuelve a hacerlo!)
Recuerda quién eres.
Perdona tus errores, bríndate otra oportunidad y muévete rápido.

Pero muévete con ética.

Cierto amigo empresario a quien llamaré Fallo, me contó que, de adolescente, usó su ingenio para robar. No se consideraba ladrón. Provenía de buena familia y tenía educación notable. Así que, según él, sólo trataba de obtener ciertas ventajas siendo astuto. Entraba a las tiendas de autoservicio y guardaba pequeños artículos valiosos en sus bolsillos para salir de la tienda sin pagarlos Como el ejercicio le resultó fructífero, lo aplicó en otras áreas de su vida. Copiaba en cada examen y burlaba a su padre, sacándole dinero de la cartera. Su imaginación le sirvió para contravenir las leyes, hasta que un día fue sorprendido mientras trataba de robarse un reloj. El vigilante de la tienda estaba vestido de civil y observó sus maniobras. Entonces llamó a los policías. Fallo fue detenido y llevado a las oficinas del almacén. El gerente de la tienda lo miró con furia. Entonces comenzó a hablar de forma muy clara y contundente. Fallo recibió aquel día, primero, un regaño y después un castigo tan fuerte que nunca más volvió a usar su imaginación para el mal. Cuando me contó los pormenores, también afectó para siempre mi modo de pensar.

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