PRINCIPIO 1

Creer

Tener miedo es contrario a creer.

Creer nos da paz, fortaleza y seguridad de que cuanto deseamos es verdad.

Esa tarde, Ruth, asistente de Relaciones Públicas recibió en su pequeño privado a la madre de un niño muy enfermo. 

—¿En qué puedo servirle?

—Ruth —dijo la mujer, después de leer el gafete de la empleada—, vengo a pedirte un favor. Permite que nuestro hijo permanezca aquí. Hoy nos dijeron que debíamos llevárnoslo. No hemos encontrado un donador. Mi esposo está viajando, investigando, visitando centros de salud especializados. Hemos gastado todo lo que
tenemos. Yo no me despego de la cama de Tony y pido por él día y noche. 

Ruth analizó el expediente. Su labor consistía en tratar con los familiares de pacientes y, en su caso, rechazar a aquellos cuyos requerimientos excedían las posibilidades del hospital. 

—Lo siento, señora —contestó—. Pero su niño…

—Llámame Iris —dijo la mujer con una plácida sonrisa—. Y háblame de tú. Las dos somos jóvenes. Madres jóvenes. Porque también tienes hijos ¿Verdad? 

—Sí, Iris. Tengo dos. Como te decía. Tu pequeño está en etapa terminal. Es mejor que lo lleves a casa…

—¡No voy a hacer eso! —la voz de la madre tuvo una extraña inflexión enérgica y cordial a la vez—. Hallaremos un donador; mientras tanto, mi hijo estará clínicamente atendido.

—Iris, tu niño tiene un síndrome fatal. Necesita transplante pancreático de tipo sanguíneo muy escaso y ahora presenta un cuadro agudo de cardiopatías. Está desahu… —tapó su boca—, lo siento.

—Entiendo tu posición, pero entiende la mía. Si los médicos se dieron por vencidos, mi esposo y yo no lo haremos. Vamos a creer y a proceder conforme a lo que creemos que es verdad. 

—Cla… claro…

—¿Puedo hablar con tu jefe?

—Él no te ayudará —Ruth bajó la voz y miró hacia los lados—, mi jefe es un hombre insensible. Mejor habla con el dueño del hospital. José Chérez.

—¿Por qué me haces más difíciles las cosas? Tú podrías auxiliarme, si quisieras

La última frase sonó con un eco implacable. Iris miró a Ruth a los ojos. Su expresión era cordial, pero profunda, decidida, exigente. La asistente de Relaciones Públicas carraspeó. 

 —Está bien. Dejaré a tu hijo aquí por un tiempo. 

Iris le puso una mano cariñosa sobre el brazo y le dio las gracias. 

Ruth sintió un estremecimiento. 

¿Qué tenía esa mujer? Irradiaba paz y fortaleza. 

No pudo borrarla de su mente durante el resto del día. 

Esa tarde fue a buscarla a la habitación del niño. 

Halló un cuadro conmovedor. Iris acariciaba la cabeza de su hijo, inconsciente, y le hablaba al oído. Ruth se atrevió a interrumpir.

—Hola. ¿Puedo pasar?

—Adelante.

—¿Cómo se encuentra Tony?

—No sé. Le estaba platicando cuánto lo amo y lo dichosa que me he sentido de ser su mamá durante estos diez años… 

—¿Te estás despidiendo de él?

—Todos los días antes de dormir, me despido de mi esposo y de mi hijo. Les digo lo mismo. La vida es un don muy breve.

—Eres una mujer diferente. Estás pasando por una adversidad terrible y pareces tan tranquila. 

Iris suspiró. Luego, dijo:

—¿Alguna vez leíste sobre la espina clavada que tenía el apóstol Pablo? Quizá se trataba de un dolor crónico o de una enfermedad incurable. La historia es interesante. Suplicó con todas sus fuerzas para que le fuera quitado el sufrimiento, pero Dios le contestó algo así como te quedarás con tu espina, pero a cambio te daré mi fortaleza; mientras más débil aceptes que eres ante mí, más fuerte serás, gracias a mí.  

—No entiendo. 

—Ruth. Yo no cuento con una fuerza propia en estos momentos. Es mi debilidad la que me hace fuerte. 

—Ah. Ya veo. Te apoyas en la religión.

—No. Me apoyo en el Ser Supremo. Hacer eso me quita el temor.

—Pues yo soy un poco escéptica. 

—Bueno. Siempre tendrás esas dos opciones: tener miedo o creer. 

Lo dice este pasaje. 

MAR 5,35  Todavía estaba hablando Jesús, cuando llegaron unos de casa del jefe de la sinagoga a decirle al padre de la niña: –Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestar más al Maestro? 36 Pero Jesús, sin hacer caso de ellos, le dijo al jefe de la sinagoga: –No tengas miedo; cree solamente. (DHH)

Con la última frase descubrimos que tener miedo es contrario a creer.

También vea éste:

MAT 8,24 Se levantó una tormenta muy violenta en el lago, con olas que cubrían la barca, pero él dormía. 25 Los discípulos se acercaron y lo despertaron diciendo: “¡Señor, sálvanos, que estamos perdidos!” 26 Pero él les dijo: “¡Qué miedosos son ustedes! ¡Qué poca fe tienen!” Entonces se levantó, dio una orden al viento y al mar, y todo volvió a la más completa calma. (BL)

Detectamos palabras de enojo y reproche ¡qué miedosos! ¡Qué poca fe tienen!  Y así vislumbramos el mensaje implícito. Nuestro barco puede pasar por fuertes tempestades, pero jamás se hundirá si el Poder Superior va en él. 

No temas, cree solamente

Algunos dicen: ¿Y cómo voy a creer en alguien que no puedo ver? Yo no tengo fe. 

Error. Todos tenemos. 

Esta es la definición.

HEB 11,1 Ahora bien, la fe es garantía de lo que esperamos, prueba de lo que no vemos; (N-C)

Creer es afirmar lo que no podemos ver ni comprobar. Y usted cree muchas cosas que no puede comprobar. 

Hagamos un ejercicio para demostrarlo. Piense en un familiar que ame mucho y que no se encuentre con  usted en este momento. Ahora le pregunto. ¿Está vivo? ¿Puede asegurarme que en los últimos minutos no sufrió un accidente y murió? “Imposible”, dirá.  ¿Imposible? ¡En realidad no lo sabe a ciencia cierta pues hace algún tiempo que no lo ve! Sin embargo, cree que vive porque espera que así sea. Da este hecho por cierto sin cuestionarlo. Es un asunto de confianza. Así, usted cree lo que no puede ver y da por cierto lo que espera con todo el corazón. 

Sin el proceso de imaginar lo que deseamos y creer que es así, no podríamos vivir. Estaríamos escondidos en un sótano, aterrados por todo lo que no podemos comprobar. 

Creemos muchas cosas a diario. 

El problema es que no creemos en Dios. ¿Por qué? 

La respuesta es simple. 

JN 10, 26 pero ustedes no creen porque no son ovejas mías. 27 Mis ovejas escuchan mi voz y yo las conozco. Ellas me siguen. (BL)

Un profesor de literatura le decía a sus alumnos: La Biblia es un libro muy antiguo escrito para personas de otra época. No la espiritualicemos. Cuando yo leo, por ejemplo, las cartas que aparecen en ella, sé que no son para mí. Es como si leyera correspondencia ajena. 

Así piensa  mucha gente. 

¿Alguna vez ha descolgado el teléfono por error cuando dos personas conversan en la línea, o ha leído las cartas que le llegan a alguien más? Se siente como un intruso. ¿No es así? Pero, ¿cómo cambiaría su sentir, al momento en que alguien le dijera, las cartas son para ti; eres bienvenido en la conversación; contigo queríamos charlar?

Si llega a una fiesta en la que no fue invitado, sentirá incomodidad, pero si trae consigo una invitación de honor, se moverá a sus anchas. Todo es cuestión psicológica. 

Ya está leyendo este libro, así que arriésguese. No podrá sacarle provecho a menos que crea. Alguien puso su nombre con letras doradas en el destinatario. Alguien le hizo una convocatoria personal. Todo está escrito para usted. 

Por supuesto, que no basta con cerrar los ojos y pujar para creer. Tampoco nos servirá de mucho entonar cantos gregorianos colgados de cabeza a la luz de la luna. Para incrementar nuestro grado de confianza en el Ser Supremo no se necesita hacer un esfuerzo místico. Sólo hay que leer la Biblia con la actitud correcta. 

ROM 10,17  Así que la fe es por el oír,  y el oír,  por la palabra de Dios. (RV)

El verso es claro. Creemos porque leemos, oímos y estudiamos el Libro. Cualquier persona que se reúne con un grupo para este propósito de forma sistemática y, además, lee por su cuenta; poco a poco, sin esfuerzo, incrementa su confianza.

Creer nos quita el temor, pero hace más. Mucho más. 

HEB 11, 6 En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan. (NVI)

¿Alguna vez ha querido agradarle a alguien? ¿Ha intentado ganarse el aprecio de una persona? ¿Qué ha hecho para lograrlo?

Bueno, pues para agradar a Dios, sólo le pide que crea.

Compruébelo leyendo de nuevo el versículo. Ahora deténgase en la última frase. ¿Dice que recompensa a quienes lo buscan?¿De qué manera? 

Ciertamente hay vastos ejemplos en los que a la gente que cree le va bien. Tienen lo que otros llamarían buena suerte, y que en la Biblia se menciona como el favor de Dios, o una protección especial. En Job 29, el protagonista hace remembranza a esa protección que le daba privilegios, luz en la oscuridad, un hogar maravilloso y el reconocimiento de jóvenes y ancianos. Millones de personas en el mundo que decidieron creer pueden testificar sobre hechos inexplicables que les han sucedido para su beneficio.      

Todo eso es cierto, sin embargo, “la buena fortuna del creyente”no es un principio. 

No a todos los que creen les va bien siempre

La Biblia dice: en el mundo tendrán aflicciones

JN 16, 33 Les digo todo esto para que encuentren paz en su unión conmigo. En el mundo, ustedes habrán de sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo (DHH)

¿Los conceptos se contradicen? ¿Cómo podemos ­sufrir y, a la vez, tener recompensa? ¿Cómo pueden converger en una sola vida dos circunstancias aparentemente opuestas? ¿Aflicciones y premios? 

La primera frase del versículo anterior nos da la respuesta. 

Les digo todo esto para que encuentren paz en su unión conmigo.

Existe otro pasaje que lo menciona de forma más contundente. Diferentes versiones acotan: “no se angustien por nada”, “no se preocupen”, “no se inquieten”, “no se aflijan”, “en vez de eso, crean, de todo corazón y entonces, sólo entonces, les sobrevendrá una paz interior que la gente a su alrededor no podrá comprender”. 

FIL 4, 6  No se inquieten por nada;  más bien,  en toda ocasión,  con oración y ruego,  presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. 7  Y la paz de Dios,  que sobrepasa todo entendimiento,  cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús. (NVI)

¿Estamos afanados, inquietos, preocupados? 

¿Los problemas nos impacientan? 

¿Nos desvelamos pensando en cómo salir de los atolladeros? 

Entonces, vale la pena comprender: 

Ante situaciones adversas una persona puede “preo­cuparse” o “creer”. Lo primero le causará angustia, lo segundo, fortaleza y paz.

Repase el principio.

Tener miedo es contrario a creer.

Creer nos da paz, fortaleza y seguridad de que

cuanto deseamos es verdad.

Ruth negó con la cabeza. 

—Esto es demasiado para mí. 

—Pues baja la guardia —contestó Iris—. ¿Contra quién estás peleando? Imagina que mi esposo y yo, en este lugar, nos la pasáramos maldiciendo y protestando contra los médicos y contra Dios… Nos volveríamos locos…

—Como les ocurre a muchos…

En ese momento llegó el marido de Iris. Venía agitado, se veía optimista. Saludó a Ruth, como si la conociera. Besó a su esposa y caminó directo hasta su hijo inconsciente. Le tomó la mano y comenzó a susurrarle al oído cuánto lo amaba y cuán feliz se sentía al ser su padre. 

Era cierto. Esa familia tenía algo que Ruth no podía comprender, así que suspiró y salió caminando despacio del lugar.

PRINCIPIO 2

Buscar dirección

Si queremos ganar la batalla en tiempos difíciles 

 primero acudiremos a la Fuente de Máxima Sabiduría, y después trabajaremos arduamente.

Ruth solía levantarse a las cinco y media de la     mañana. Apenas le daba tiempo de preparar la comida y dejar todo listo antes de subirse al auto para recorrer la ciudad entera. Su esposo sufrió una embolia por hipertensión. No tenía ingreso alguno. Ella lo mantenía. A él y a dos hijos adolescentes. 

Esa mañana se sentía especialmente abrumada y confundida. Manejando el auto, llamó por teléfono al hospital y pidió que la comunicaran a la habitación del ­chico desahuciado. Contestó Iris.

—Hola. Habla Ruth. ¿Cómo está Tony?

—Mejor. Hoy estuvo consciente por varios minutos.   

—Qué bien —no quiso darle falsas esperanzas.

—¿Y tú?

A Ruth le costó trabajo abrirse. Al fin lo hizo… 

—Iris, te conocí ayer, pero me hiciste reflexionar. Perdona que te llame. Necesito un consejo. Estoy desesperada. Mi vida es un asco.

—¿Por qué dices eso?

—La semana pasada mi jefe me hizo una insinuación sexual a cambio del aumento de sueldo que pedí. Sebastián es un mujeriego, adicto al juego. Tiene cuarenta y tantos años y apenas se casó. Pero no respeta a su esposa. Sigue con los mismos hábitos de antes. Yo he sido testigo de sus correrías. Creí que a mí no me molestaría, pero ahora encontró la oportunidad. 

—¿Ya hablaste de esto con el jefe de tu jefe?

—Mi departamento es una prestadora de servicios ­independiente. José Chérez no es jefe de mi jefe; si me quejo con José, Sebastián lo negará todo y me despedirá de inmediato. Lo sé. ¡Estoy en un hoyo! Necesito dinero y Sebastián puede dármelo. 

—¡Pero a cambio de que seas su amante!

—Sí.

—¿Y qué piensas hacer?

—No sé. Prometí pensarlo. Si me rehúso, tal vez pierda el empleo. Si acepto, tendré lo que necesito y descansaré en los brazos de alguien más fuerte. ¡Hoy debo darle una respuesta! 

—Tranquilízate, Ruth, y hazte un favor. No vengas a trabajar hoy. 

—¿Cómo?

—¿Conoces el lago en medio del bosque rumbo a la montaña? 

—Sí.

—Ve ahí. Sólo manejarás un par de horas.

—¿Para qué? 

—¡Tómate el día! Siéntate en la orilla, respira el aire fresco, mira las cosas desde otra perspectiva y platica con tu Creador. 

—¡Pero si falto al trabajo me descontarán dinero! 

—¿Qué importa eso? Lo que hay en juego  no se puede pagar con dinero. Una vez que te conviertas en amante de tu jefe ya no podrás recuperar tu dignidad. 

—No sé… ¿Platicar con Dios? Ayer te dije que eso no va conmigo. 

—Te equivocas Ruth. Tú me llamaste a mí porque sabes cómo pienso e intuías lo que te iba a decir. Te sientes sola y tienes mucho temor. Se nota en tu voz. ¡Necesitas algo más que el consejo de una persona! Busca la Fuente de Máxima Sabiduría. Sólo si haces eso tendrás claridad de juicio. 

—¡Iris, sé realista! ¿Me estás diciendo que en vez de ir a trabajar,  maneje dos horas hasta las montañas, me siente a contemplar un lago en medio del bosque y le pregunte a Dios lo que debo hacer? 

—Exactamente.

—¿Y él me hablará? Perdón que me ría.

—Te hablará a través de tu conciencia. Sólo necesitas apartarte de todo. Si prefieres ir a otro lugar diferente al que te sugiero, está bien. Pero hazlo.  Ocurrirá un cambio en tu interior y sabrás qué decidir. 

—No, Iris. Creo que la Biblia dice: ayúdate que yo te ayudaré. ¡Es lo que estoy haciendo! No tengo tiempo de rezar. ¡Cuento con manos y cerebro para moverme! Perdón, tengo que colgar. Ya llegué a la oficina. 

Apenas entró a la policlínica, se topó de frente con Sebastián. Él le guiñó el ojo y le preguntó si se iban a ver por la tarde. Ella dijo que sí. Luego fue a su cubículo repitiéndose: si tú no te ayudas, nadie lo hará

Ruth se equivocó.

Nos ocurre a muchos. 

Corrientes banales de motivación nos han metido a la cabeza frases como “tú puedes” “eres triunfador, poderoso, grande”, y al creerlas sin profundizar, nos volvemos arrogantes. Entonces tomamos muchas decisiones malas, considerándonos sabios y autosuficientes. 

Cuando llegamos a pedir ayuda, acudimos a personas igualmente limitadas y arrogantes. Difícilmente reconocemos la necesidad de un Poder Superior. Sin embargo, la Biblia es muy clara respecto al porqué nos estamos secando

JN 15, 5 Yo soy la vid y ustedes las ramas. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, pero sin mí no pueden hacer nada. 6Al que no permanece en mí lo tiran y se seca; como a las ramas, que las amontonan, se echan al fuego y se queman. (BL)

¡Somos como ramas separadas del tronco! 

Piense en su vida como en la de una rama llena de flores o frutos. Ahora imagine que esa rama es cortada y separada del tronco. ¿Cuánto tiempo cree que permanecerá viva?

Usted y yo hemos sido contaminados por el mal ejemplo de personas religiosas. Quizá conoció a un líder espiritual incoherente, tramposo o hasta doloso. Los hay.Entonces decidió separarse de Dios. Pero cometió un gran error, porque debió separarse sólo de la persona tramposa, pero nunca del tronco que le da vida y savia a usted. 

El concepto es sostenible aún desde el punto de vista científico: Psicoanalíticamente se ha comprobado que quienes hacen oración a diario tienen un mayor desarrollo en su inteligencia moral1

Si queremos progresar, necesitamos regresar a la Fuente, y permanecer en ella.

Parafraseando. La Inteligencia Infinita dice: Yo soy el tronco y tú eres una de mis ramas. Si estás lejos de mí, a la larga, te secarás.

Para evitar secarnos, necesitamos creer (primer principio), luego, buscar su sabiduría en nuestra conciencia. Eso nos dará una perspectiva exenta de envidias y ambición. Veamos:

SAN 3,16 Y donde hay envidia y ambición habrá también inestabilidad y muchas cosas malas. 17 En cambio la sabiduría que viene de arriba es, ante todo, recta y pacífica, capaz de comprender a los demás y de aceptarlos; está llena de indulgencia y produce buenas obras, 18 no es parcial ni hipócrita. Los que trabajan por la paz siembran en la paz y cosechan frutos en todo lo bueno. (BL)

Repasemos: La sabiduría que viene de arriba es recta, pacífica, comprensiva, inspiradora de buenas decisiones…       

En este caso, el pasaje no habla de sabiduría humana, porque las personas fallamos, incluso los líderes espirituales fallan. La sabiduría de lo alto no tiene nada que ver con gente, sino con permanecer unidos a la vid. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, pero sin mí no pueden hacer nada.

Iris pasó por el despacho de Relaciones Públicas.

La asistente parecía nerviosa mientras guardaba sus cosas en las gavetas. 

Era la hora de salida.  

—Hola Ruth —dijo la madre de Tony—. Me dejaste preocupada. 

—Lo siento, Iris. No debí hablarte por teléfono. Tú tienes tus propios problemas. 

—¿Qué vas a hacer?

—Lo que siempre he hecho. No mezclar mis sentimientos con el trabajo. Estoy en este puesto por pragmática. Tú fuiste la primera persona que me hizo modificar un dictamen.

—¡Ruth, deja de cargar el mundo tú sola! Tienes un gran corazón. Posterga las decisiones difíciles hasta después de que te hayas retirado a reflexionar con humildad. 

—Ya le pedí consejo a algunas compañeras de trabajo y todas opinan que si me vuelvo amiga íntima de Sebastián adquiriré dinero y poder sobre él. 

—Pues yo he comprobado que los amigos y hasta los familiares se equivocan en sus consejos muchas veces. Mira, voy a contarte algo. Mi esposo es científico. Hace años hizo un pacto para encargarse de un importante proyecto. Cuando los empresarios habían comprado todo el equipo y le habían puesto el laboratorio más sofisticado, Miguel dudó. Tuvo miedo. Me preguntó qué opinaba y yo le dije retráctate; pide más dinero, te van a explotar, él comentó pero di mi palabra de honor, le contesté no importa; sé práctico. Entonces mi esposo corrió a pedirle consejo a su compadre, quien le confirmó: no has firmado ningún contrato, así que ¡pide más dinero! Él lo consultó con la almohada y la almohada le aseguró: eres demasiado talentoso, demanda más. Así fue como triplicó sus exigencias, faltó a su promesa y ocasionó grandes pérdidas a quienes confiaron en él. Lo rechazaron y desacreditaron. Su carrera se fue a pique. Tardamos años en levantarnos, y todo porque consultó a cualquier persona, ¡yo misma le di un mal consejo!,  pero jamás consultó a la Fuente de Sabiduría a través de su conciencia. En la Biblia dice que sólo permaneciendo en él daremos buen fruto; separados no podemos hacer nada.

—Aprecio tu insistencia —contestó Ruth—, pero mi filosofía sobre Dios es otra. 

—¿Ayúdate que yo te ayudaré?

—Exacto. Y también “al que madruga Dios le ayuda” y “a Dios rogando y con el mazo dando”. ¿Hay algo de malo en ello?

—¡Nada! Todas esas frases son correctas. Sólo que contienen un pequeño error de orden…

A veces la colocación de factores, puede alterar el producto.

Analicemos. 

¿Qué significa la frase ayúdate que yo (Dios) te ayudaré?

Significa que si nos esforzamos y actuamos con valentía, el Ser Supremo estará de nuestro lado. 

¿Y eso aparece en la Biblia?

Para sorpresa de muchos, la respuesta es sí.

La Biblia dice.  

Esfuérzate y sé valiente, no te desanimes y yo tu Dios estaré contigo

¡Increíble! ¡Es exactamente la misma idea! 

El problema radica en que, presentada así, está fuera de contexto. Necesitamos leer el verso anterior para comprender un hallazgo de orden. Qué va primero y qué va después. Es tan contundente que nos deja sin habla. 

1)   JOS 1, 8  Repite siempre lo que dice el libro de la ley de Dios, y medita en él de día y de noche, para que hagas lo que éste ordena. Así todo lo que hagas te saldrá bien. 

2)  9 Yo soy quien te manda que tengas valor y firmeza. No tengas miedo ni te desanimes porque yo, tu Señor y Dios, estaré contigo dondequiera que vayas. (DHH)

Eso significa: Primero acude a la Inteligencia Infinita, aprende de ella, escúchala, y después ayúdate a ti mismo, con la confianza de que (ahora sí), recibirás una ayuda especial. 

Primero lo primero. 

También lo menciona otro famoso verso.

MAT 6, 33 Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. (JER)

El principio es claro.

Si queremos ganar la batalla en tiempos difÌciles 

 primero acudiremos a la Fuente de M·xima SabidurÌa, 

y después trabajaremos arduamente.

Sebastián interrumpió la conversación de las dos mujeres. 

—¿Ruth, nos vamos?

Era la hora de salida. El momento decisivo. 

Ruth se despidió de Iris, tomó su bolso y caminó resuelta. 

Llegó con Sebastián al estacionamiento. 

Ella subió al auto de su jefe.

Emprendieron el camino hacia un motel. 

Sin querer, Ruth comenzó a temblar. Abrió la ventana y dejó que el aire la despeinara. 

—¿Te sientes bien?

—Voy a vomitar en cualquier momento. Comí algo que me cayó mal.

Su jefe disminuyó la velocidad. No quería que esa empleada fuera a ensuciar su auto que acababa de ganar en el juego. Tampoco le apetecía acostarse con una mujer que podía volver el estómago en la cama. 

—Si prefieres, podemos dejar nuestra reunión para otro día. 

Ella vio que la estrategia funcionaba. Arqueó el estómago y fingió que estaba a punto de vomitar, pero al hacerlo se dio cuenta de que en verdad tenía nauseas. 

Sebastián regresó a la policlínica y ella pudo bajarse del lujoso auto para subirse al suyo, compacto y austero. 

De vuelta a casa manejó más de una hora en medio del tráfico. Esta vez no encendió la radio para oír las noticias. Tampoco puso música. Habló en voz alta. Al principio se sintió un poco ridícula, pero después comprendió que era fácil creer. Sólo había que enfocarse en la certeza de lo que no podía ver. Comenzó reclamando. Gritando. Protestando. Su vida era caótica. Aunque la gente la consideraba una mujer segura de sí misma, se sentía sola, frustrada. Siguió hablando hasta que los reproches fueron bajando de tono. 

Entonces tuvo vergüenza. 

Quiso detener el auto en una iglesia, pero no encontró ninguna en el camino. 

Llegó a su casa. 

Atendió plácidamente a sus dos hijos y fue especialmente cariñosa con su esposo enfermo. Luego tomó un baño, se puso ropa cómoda y subió a la azotea de su casa. Miró el cielo y pidió perdón. Había sido doloroso, pero comprendió que necesitaba esa intimidad secreta con el Poder Superior para tomar mejores decisiones. Poco a poco el fuego de su interior dejó de quemarle y vio las cosas desde una nueva perspectiva. Tuvo la convicción secreta de que si hacía lo correcto ante su conciencia, a la larga todo le saldría bien. La crisis que había estado a punto de aplastarla se desvaneció poco a poco. 

Por primera vez en mucho tiempo sintió que todo en su vida estaba bajo control.

PRINCIPIO 3

Doblegar nuestro orgullo

El orgullo produce estancamiento. Nos impide crecer.  Para recuperar terreno perdido, requerimos  doblegarnos; reconocer y rectificar nuestros errores. 

A Sebastián le gustaban las mujeres, pero su verdadera obsesión era apostar. 

Después de dejar a Iris en la policlínica, manejó sin rumbo. Se había hecho a la idea de que tendría sexo con su asistente esa tarde, así que estaba excitado. 

Sólo jugando póquer podría calmarse. El juego lo cegaba. 

Cinco de siete noches en la semana iba al casino. Había tenido buenas rachas. Hasta ganó un auto deportivo que después volvería a perder. Apostaba dinero; cuando se le acababa, ponía sobre la mesa facturas, escrituras y títulos. 

Había caído en una espiral descendente de la que no había retorno.

Así le ocurrió lo esperable. 

Meses después se quedó sin nada. 

Una noche entró a la casa de sus padres ancianos y abrió la caja fuerte. Sabía la combinación. No la habían modificado en años. Les robó. Apostó lo robado y se recuperó por un tiempo, pero a la larga volvió a malograr todo.

Cierto día hizo lo inverosímil. Apostó a su esposa. La perdió en el juego. Ella tendría, según lo acordado, que pasar la noche con dos rufianes, pero Sebastián le avisó por teléfono y ella huyó.

Días después, los acreedores llegaron a buscarlo a su oficina. Entonces toda la podredumbre de su vida salió a la luz. 

La prestadora de servicios para el hospital Chérez, tuvo que despedirlo. Se quedó sin familia, sin trabajo, perseguido por voraces reclamantes.

José Chérez le tendió la mano, y evitó que lo metieran a la cárcel; después lo llevó a un grupo de recuperación. 

Sebastián asistió y se sentó en medio, sin hablar durante varias sesiones, preso de la depresión.

—Puedes restituir tu credibilidad y confianza —le dijeron en el grupo—. Quizá hasta reconquistes a tu esposa, pero debes dar el primer paso.

—¿Cuál? 

—Doblegarte. ¡Reconoce que te equivocaste y promete hacer un cambio radical!

—Pero yo no tengo la culpa de lo que hice. ¡Estoy enfermo! ¡Soy adicto al juego! 

—Te equivocas. Eres culpable de permitir que la adicción te domine. Si no aceptas tus errores, jamás te levantarás. 

El primer paso para rehabilitarse es la humildad.

Sólo cuando una persona se para frente a otras y les dice: Estoy aquí, porque no puedo controlar mi vida y necesito ayuda, comienza su liberación.

La falta de humildad general ocasiona decadencia. 

Pueblos, ciudades, naciones, vea las noticias, están hundiéndose. No hay recuperación posible ni para individuos ni para grupos humanos, mientras no medie una actitud de retracción y vergüenza por el mal que hemos hecho. 

Necesitamos humillarnos para iniciar nuestro proceso de mejora. Sólo quien acepta sus errores puede dejar de cometerlos. 

Lo dice la Biblia. 

2 CR 7,14 si mi pueblo, sobre el cual es invocado mi Nombre, se humilla, orando y buscando mi rostro, y se vuelven de sus malos caminos, yo les oiré desde los cielos, perdonaré su pecado y sanaré su tierra (JER).

El pasaje es una promesa condicional. La condición para que nuestra tierra (familia, empresa, matrimonio, salud) se sane son tres pasos. Desglóselos. Así deducirá el principio. 

1. Humillarnos.

2. Buscar el rostro del Creador (doblegándonos).

3. Volvernos de nuestros malos caminos (rindiéndonos aún más).

El orgullo produce estancamiento. Nos impide crecer.  Para recuperar terreno perdido, requerimos  doblegarnos; reconocer y rectificar nuestros errores. 

Los principios son inmutables en cualquier tiempo y lugar. Además se relacionan y refuerzan entre sí. 

Para que Sebastián pudiera comprenderlo, en el grupo le recomendaron que leyera la historia del rey David.  

El rey más importante de la antigüedad. 

De niño mató al gigante Goliat, de mayor, llevó a su pueblo a un esplendor nunca visto. Sin embargo, David deseó sexualmente a su vecina Betsabé. A pesar de ser casado (y ella también), la mandó llamar después de que la vio desnuda, bañándose. Entonces tuvo relaciones sexuales con ella. Betsabé quedó embarazada y David sintió miedo. Su liderazgo se vería comprometido. Betsabé era esposa de Urías, un importante miembro del ejército en batalla. 

David hizo traer a Urías de la guerra para que “descansara” unos días junto a su esposa. Sabía que tendrían relaciones sexuales y todos podrían decir que el hijo de Betsabé había sido engendrado por su propio marido. Pero Urías resultó tener mayor integridad que David. Consideró indigno dormir en casa mientras sus hombres estaban luchando. Por honor, prefirió concentrarse en las estrategias de guerra. Así que David lo emborrachó. Hizo todo lo posible para que cambiara de opinión y fuera a dormir con su esposa. Urías no lo hizo. Entonces David le dio una carta para que la llevara al general del ejército en la que daba órdenes de que lo pusieran en la primera línea de batalla. De esa manera lo matarían. Urías fue asesinado…

¿Cómo pudo David hacer cosas tan terribles y aún así pasar a la historia como alguien ejemplar? 

Entre muchas otras razones, quizá la más importante es esta: 

David doblegó su orgullo.

Es cierto que no basta con mostrarnos arrepentidos para borrar los errores del pasado, pero es el primer paso. Una persona que ha fallado de forma grave sólo iniciará el largo proceso de recuperación propia y sanidad a terceros cuando haga un alto total, se vea al espejo y diga “¿qué he hecho?, ¡esto no puede seguir! Me degradé, dañé a otros y ofendí a Dios”.    

Cuando David lo entendió, escribió un salmo muy famoso. Miserere. Por favor visualice a este hombre
llorando, gritando, consumido por el remordimiento. Luego disfrute, con David, su mayor descubrimiento:

Un corazón quebrantado y arrepentido recibe siempre el abrazo y aceptación del Creador. 

Por ese corazón quebrantado y arrepentido, Dios no despreció a David, a pesar de lo que hizo… 

Por eso no me despreciará a mí a pesar de lo que hice.

Ni a usted…

Sería bueno cerrar la puerta de la habitación. 

En secreto. Ponernos de rodillas, y hablarle con un corazón quebrantado y arrepentido por primera vez. 

Ahora sí, veamos como David comprendió sus errores de forma cabal y suplicó por ser perdonado. 

SAL 51 Ten compasión de mí, oh Dios, conforme a tu gran amor; conforme a tu inmensa bondad, borra mis transgresiones. 2 Lávame de toda mi maldad y límpiame de mi pecado.  3 Yo reconozco mis transgresiones; siempre tengo presente mi pecado. 4 Contra ti he pecado, sólo contra ti, y he hecho lo que es malo ante tus ojos; por eso, tu sentencia es justa, y tu juicio, irreprochable. // 6 Yo sé que tú amas la verdad en lo íntimo; en lo secreto me has enseñado sabiduría. 7 Purifícame con hisopo, y quedaré limpio; lávame, y quedaré más blanco que la nieve. 8 Anúnciame gozo y alegría; infunde gozo en estos huesos que has quebrantado. 9 Aparta tu rostro de mis pecados y borra toda mi maldad. 10 Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu. 11 No me alejes de tu presencia ni me quites tu santo Espíritu. 12 Devuélveme la alegría de tu salvación; que un espíritu obediente me sostenga.// 17 El sacrificio que te agrada  es un espíritu quebrantado; tú, oh Dios, no desprecias  al corazón quebrantado y arrepentido. (NVI)

¿Quién no desea ser purificado, quedar limpio, recibir alegría y gozo en sus huesos quebrantados? ¿Le gustaría apartarse de la suciedad, que sus maldades, sean borradas, recibir una firmeza sobrenatural para sostenerse?  

Otra vez imagine a David de rodillas, llorando en un lugar secreto y suplicando desgarradoramente las palabras anteriores. 

Ahora volvamos a nosotros.  A usted y a mí.

Recordemos las tonterías que hicimos.

¿Algunas escenas del pasado le avergüenzan? A mí, sí.  

Si deseamos salir de la crisis tendremos que asumir las consecuencias de cada error, pero no con nuestras propias fuerzas, sino doblegándonos ante el Ser Supremo, dejando que él rompa las cadenas de prisión mental que nos han esclavizado a creencias de fracaso y nos brinde el beneficio de no volver a sufrir humillación ni vergüenza.

¿Seremos capaces? Lea lo siguiente. Es una nota de su Padre del Cielo escrita especialmente para usted:

IS 54, 4 »No temas, porque no serás avergonzada. No te turbes, porque no serás humillada. Olvidarás la vergüenza de tu juventud, y no recordarás más el oprobio de tu viudez. 7 Te abandoné por un instante, pero con profunda compasión volveré a unirme contigo. 8 Por un momento, en un arrebato de enojo, escondí mi rostro de ti; pero con amor eterno te tendré compasión.// 15 Si alguien te ataca, no será de mi parte; cualquiera que te ataque caerá ante ti… 17 No prevalecerá ninguna arma que se forje contra ti; toda lengua que te acuse será refutada.  Ésta es la herencia de los siervos del Señor, la justicia que de mí procede. (NVI)   

¿Alguna vez ha sentido que su vida va mal? 

¿Que le llueve sobre mojado? No es una casualidad. 

El pasaje dice en los versos 7 y 8: Te abandoné por un instante, en un arrebato de enojo escondí mi rostro de ti… 

¿Por qué Dios pudo abandonarlo(a) por un instante, tener enojo contra usted y esconderse? La respuesta es simple: ¡Porque usted estaba siendo arrogante con él, infringió sus principios, no creía, no buscaba su sabiduría a través de su conciencia, y era incapaz de reconocer sus faltas… así que él se enfadó y le volvió la espalda. Y usted cayó hondo. 

A Sebastián le costó trabajo doblegarse. 

Al fin lo hizo. Pidió perdón, gritando, llorando, de rodillas, con más convicción que el mismísimo rey David. 

Cuando se sintió perdonado, le quedó un trabajo más difícil aún: Aceptar las consecuencias de sus actos.

Eso lo llevó al siguiente principio.

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