El bullying es un circo de pulgas

Por: Carlos Cuauhtémoc Sánchez

¿Alguna vez has sido criticado por actuar diferente a los demás? ¿Has recibido ofensas, burlas o insultos en la escuela o el trabajo? Los casos de bullying son cada vez más frecuentes y alarmantes. Mirar a los alumnos que despiadadamente destruyen la autoestima de sus compañeros, me hace recordar a los circos de pulgas que había en las ferias hace muchos años.

Las pulgas son insectos muy especiales; a pesar de su pequeñez, tienen enorme fuerza en las patas. Una pulga de medio milímetro puede saltar más de treinta centímetros. ¡Seiscientas veces su tamaño! Es como si alguno de nosotros pudiera subir de un salto al techo del edificio más grande del mundo.
El domador de pulgas atrapaba a estos insectos, los encerraba en recipientes de cristal y los dejaba ahí por varios días. Cada vez que una pulga saltaba, chocaba con la dura superficie del vidrio. Algunas morían al impactarse contra el cristal. Cuando por fin eran sacadas del encierro, las sobrevivientes habían aprendido que sólo podían dar saltos pequeños para no lastimarse. El domador les ponía columpios a su alrededor y las pulgas amaestradas brincaban poquito de un lado a otro sin escaparse.

Tal vez nosotros no somos capaces de realizar saltos físicos gigantescos como los de la pulga, pero sí podemos hacer proezas mentales parecidas; podemos soñar con altísimos ideales y saltar hacia ellos; tenemos la capacidad de imaginar grandes cosas y alcanzarlas, podemos anhelar metas enormes y lograrlas. El ser humano puede multiplicar su estatura mental cuando realiza obras artísticas, científicas o de investigación. Tiene grandes capacidades, pero ¿qué pasa si cada vez que una persona se equivoca, es recriminada con severas burlas? ¿Qué sucede si cuando opina, todos le dicen que se calle? Tales actos son como golpes en la cabeza, y producen el mismo efecto que el vidrio en las pulgas encerradas. Si alguien es castigado continuamente sin justicia, tarde o temprano aprende a no «saltar», cae en el juego de los mediocres que se burlaban de él y se vuelve mediocre también. Eso es un circo de pulgas.

La gente que se ha burlado de ti y te ha ofendido sin razón, tiene carencias emocionales y baja autoestima; tal vez trata de aplastar los sueños de otros porque alguna vez alguien aplastó los suyos. Es tiempo de frenar esa corriente destructiva. Tú debes marcar la diferencia. Nunca participes en el circo de pulgas. Cree en tus sueños y lucha por ellos. Si alguien intenta golpearte la cabeza con burlas o críticas insanas, hazte a un lado; ignora la agresión. Por otro lado, brinda elogios sinceros a los demás y destaca sus virtudes por encima de las debilidades. Impulsa y motiva a los que te rodean para que hagan lo mismo.
En medio de ese circo, comienza a marcar un rumbo nuevo.

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