¿Me sentiré orgulloso (a) de la carrera que elija?
Nos convertimos en parte de la carrera que estudiamos y esa profesión se vuelve nuestro escudo y símbolo.
Cuando Luis Pérez se titula como ingeniero, deja de ser Luis y se vuelve el Ingeniero Pérez; así es nombrado por todos; así dice su tarjeta de presentación. No podemos ni debemos avergonzarnos de nuestro nombre y apellido. Tampoco de nuestra especialidad. Por eso es bueno elegir una de la cual podamos sentirnos orgullosos.
Pero es prudente tener cuidado: las falsas apariencias en este aspecto son trampa mortal para quienes quieren elegir. Hay estereotipos populares que se vuelven verdaderos espejismos.
Muchos jóvenes estudian una carrera sólo porque tiene fama de prosperidad y prestigio, para terminar decepcionados de ella… No todo lo que brilla es oro, ni todo lo socialmente aceptado nos conviene. Insistir en amoldarnos a opiniones extrínsecas puede convertirnos en profesionistas mediocres, hundidos en lo que tanto intentábamos evitar: el fracaso…
Por ejemplo, los arquetipos dicen que la medicina, la ingeniería o el derecho tienen buena fama. Se piensa en un doctor como en alguien con un estatus elevado, mientras que un sociólogo posee una reputación muy inferior en la escala profesional. Las carreras científicas y técnicas gozan de más prestigio que las humanísticas, y eso es un elemento contra el que precisa luchar un joven «humanístico».

El fenómeno ocurre también en sentido opuesto. Alguien puede ser apto para estudiar leyes, pero si siente desagrado por esa carrera debido a que cree que los abogados tienen mala fama, tal vez pierda la oportunidad de realizarse en algo que encaja a la perfección con él, pero que rechaza a causa de ideas superficiales y ajenas a la carrera misma. Lo importante es comprender que «orgullo y mérito» no dependen de lo que otros piensen, sino de lo que nosotros declaramos. ¡No nos sentimos orgullosos de nuestro aspecto físico o de nuestro apellido porque la gente diga que son excelentes, sino porque nosotros los hacemos excelentes!
Con triste frecuencia un estudiante que escoge la carrera de filosofía, por ejemplo, aprende (se lo dicen), que si desea seguir adelante debe resignarse a trabajar de otra cosa, porque su carrera no le dará para vivir. Eso lo hace sentir, hasta cierto punto avergonzado de su decisión. Pero es un grave error. En primer lugar, si ese joven tiene las aptitudes necesarias para ser filósofo, posee mayores oportunidades de destacar en esa profesión que en cualquier otra. En segundo lugar, el campo de trabajo es muy amplio para aquellos que se preparan bien. Un excelente filósofo tiene la posibilidad de convertirse en un gran maestro o investigador, también puede ser un analista de filosofía política o social en los medios de comunicación e incluso escritor. Cada profesión tiene una gran variedad de campos de trabajo. Cuando nos sentimos orgullosos de lo que somos, podemos aplicar mejor nuestra creatividad, respaldarla con conocimientos, y hasta ser pioneros abriendo nuevos campos de trabajo para nuestra área.
